¿El ‘corralito’ de Syriza?

Mucho nos han contado sobre la crisis griega: las posiciones de unos y de otros, sus respectivas reacciones y el resultado final. Ahora, exponemos aquí los hechos, de manera objetiva, contrastada y ordenada cronológicamente.

Los gobiernos de Costas Simitis (PASOK, el PSOE griego) y de Kostas Karamanlís (Nueva Democracia, el Partido Popular heleno) falsearon las cuentas públicas de 2000 a 2008, con la ayuda de Goldman Sachs, el gigante financiero a quien el gobierno español de Mariano Rajoy encargó el diseño de la privatización de Bankia.

En 2009, el gobierno de Papandreu (PASOK) había multiplicado la deuda griega exponencialmente, lo que provocó que algunos decidiesen llevarse su dinero fuera del país por miedo a un ‘corralito’ que paralizase su capital. En 2010, la Troika (todavía no identificada como tal, pero en la práctica constituida por los mismos integrantes: Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) entregó a Grecia un rescate de 110.000 millones de euros, e impuso las famosas medidas de austeridad. El nuevo gobierno de Samarás (Nueva Democracia) se comprometió a aplicarlas.

Pero las medidas no surtieron efecto, el dinero siguió saliendo de los bancos griegos en dirección extranjera, y en 2012 la Troika facilitó a Grecia un nuevo rescate, esta vez de 130.000 millones de euros. Además, le permitió una quita del 53% la deuda. A cambio, impuso a Samarás más control y más austeridad, más recortes. Y una vez más, estas medidas fracasaron, y la fuga de capitales prosiguió.

En 2015, el nuevo gobierno de Alexis Tsipras (SYRIZA) se negó a aceptar las condiciones que habían llevado al país a la quiebra, y a necesitar más dinero público de todos los europeos, en dos ocasiones. Ante la negativa a aplicar sus medidas, el BCE (uno de los tres integrantes de la llamada Troika) optó por cerrar la financiación a un país por entonces prácticamente vacío de dinero, amparándose en la legalidad de sus Estatutos, que impiden prestar dinero a un país en quiebra.

Con el dinero griego huido en Suiza, y la financiación secuestrada por el Banco Central Europeo, el gobierno de Tsipras cerró los bancos y decretó el ‘corralito’.

Expuestos los hechos, y a modo de cruel resumen, estas son las conclusiones que podemos extraer:

  1. El BCE exige ahora unas condiciones de solvencia para prestar su dinero que antes no exigió, dos veces.
  2. La Troika exige que, para recuperar el crecimiento y la confianza, y que retorne el capital evadido, se apliquen las mismas medidas que han arruinado al país dos veces consecutivas.
  3. El BCE necesita que Grecia admita sus medidas sí o sí, no hay alternativa. El porqué es intrigante.
  4. Uno de los tres miembros de la Troika es capaz de amenazar de muerte a un país entero. Y los otros dos miembros, el FMI y la Comisión Europea, lo consienten.
  5. La Troika no quiere ni oír hablar de otras medidas que no sean las suyas, ellos sabrán por qué. Y la excusa de la eficacia de estas medidas para salir de la crisis ya no les vale: dos veces se han demostrado erradas.
  6. Los que se llevaron el dinero al extranjero por miedo al ‘corralito’ vaciaron los bancos griegos sistemáticamente desde 2010, con gobiernos alternativos de Nueva Democracia y PASOK que aplicaban las medidas de la Troika.

Si aceptamos las conclusiones anteriores como ciertas, cabría entonces preguntarse: ¿qué responsabilidad tiene el gobierno de Syriza en el ‘corralito’?

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