Querido Juan Cruz

Yo también tengo una carta para ti. He leído con atención tu artículo “Querido Pablo Iglesias”, y quisiera trasladarte un par de consideraciones al respecto. Espero que no te parezca mal que, en la era de la comunicación, un humilde lector se dirija a ti por este medio. Sé que lo comprenderás y que tendrás el arrojo suficiente para responderme.

A quien lea esta réplica: sepa que deberá antes dedicar unos minutos a leer con atención la carta de Juan en El País. De otra forma, todo será tiempo perdido.

Te traslado, Juan, unas preguntas que me permito enunciar de manera directa. ¿De verdad crees que se puede encarcelar a una persona por promover una manifestación cuyo trasfondo, concorde o no con el orden establecido, es totalmente pacífico? ¿De qué manera crees, sino es mediante la necesaria participación del pueblo, que se puede insistir en ese precioso recurso para el progreso en el que ambos estamos de acuerdo que es la paciente y calmada disensión? ¿Todavía crees que la actividad parlamentaria lo es todo? ¿Acaso no confías en el control activo, crítico, perseverante y pacífico del pueblo a quienes esos representantes dicen representar? ¿Pretendes trasladarnos a todos al siglo XVIII? Es más: ¿crees que la legalidad precede a la legitimidad? ¿Acaso desconoces que ésta, junto con la validez, la vigencia o la eficacia son requisitos inexcusables de lo legal? ¿Y qué hacemos cuando éste falla? ¿Confiar en quienes no han sabido observar esta necesidad? ¿En qué clase de vericueto legal nos sitúa eso?

Poco más adelante en tu texto, y aun para mi sorpresa, te recreas en señalar las desafortunadas bromas de algunos —y ahí estamos de acuerdo—. ¿Pero de verdad crees que necesitabas recurrir a las chanzas tuiteras para apuntalar un escrito que pretende ser de tanto calado? ¿No estás cayendo en eso que tanto criticamos, que es otorgar un registro que no pertenece a quien nunca quiso poseerlo?

Tu pluma precisa, distinguida y penetrante siempre me ha fascinado, y jamás dejará dejar de hacerlo, de eso ya te encargas tú. Pero te propongo algo más, que sin duda observarás como algo enriquecedor. Habla, tú, de la reunión del Club Bilderberg en la que participa tu jefe, Juan Luis Cebrián. Quizás lo has hecho ya, y deberás entonces perdonar mi ignorancia, pero creo que no. Habla del Grupo Liberty, propietario del diario que te da cancha. Habla de los jeques cataríes que también participan. Quiero escuchar cómo tus palabras, siempre tan bellísimamente exactas, también se depositan sobre los que realmente tienen el poder, y no sólo en aquellos que han tenido el arrojo de colocarse frente a ti.

Porque, sino, creeré que tus palabras, siempre hiladas con la sabiduría del maestro tejedor que eres —y te tengo buen aprecio por ello—, no son más que la rima consonante del discurso de quien te mantiene. Y eso, estarás de acuerdo conmigo, es mala cosa para un periodista.

Se despide de ti con aprecio sincero,

Alguien

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